Consultoría Estratégica y Coaching Ejecutivo

sábado, 28 de febrero de 2015



El esfuerzo perfecto.

Hace unos días vi la película “Un equipo legendario”:
Trata sobre la historia de Bob Ladouceur, un entrenador de fútbol americano de La Salle High School. Él y su ayudante Terry Eidson transformaron el equipo de los "Spartans Concord", de California, llevándolo de la mediocridad a conseguir 151 triunfos consecutivos entre 1992 y 2003, rompiendo así todos los récords de victorias consecutivas en cualquier deporte. Una de las  claves del éxito de este entrenador es que pedía a su equipo el “esfuerzo perfecto”. No se refería a que fueran perfectos sino a que se entregaran al máximo de sus capacidades, a ser exigentes al máximo con metas ambiciosas que estuvieran a su alcance, a superarse constantemente.






La perfección no existe, sin embargo si el esfuerzo perfecto, a través del cual se puede alcanzar el éxito aunque a corto plazo y de forma provisional experimentemos algún contratiempo. El fracaso es una oportunidad para aprender y para ir mejorando día a día.
No obstante los resultados no siempre dependen de nuestra voluntad, esfuerzo y motivación por fuertes que sean. Lo que sí depende de nosotros es la eficacia en la acción, entendiendo esta como la mejor forma de realizar un esfuerzo buscando la obtención de un objetivo.

Los seres humanos hemos nacido para alcanzar el éxito. No obstante nuestra conducta está dirigida por la interacción de dos motivos: orientación para obtener el éxito y orientación para evitar el fracaso.
Las personas orientadas al éxito tienen una actitud mental positiva y abierta y ven el fracaso como una forma de aprender y de alcanzar el éxito.
Sin embargo las personas orientadas a evitar el fracaso viven los retos con ansiedad y temor paralizante ante el peligro de un eventual contratiempo.
Las primeras, aunque obtengan un escaso o nulo rendimiento en los primeros pasos, no pierden la ilusión y siguen enfocadas en sus proyectos. Son persistentes, constantes y no dan un paso atrás. Cuando se equivocan reorientan su estrategia y su empeño. Se centran en metas de dificultad moderada, adecuadas a sus posibilidades. A medida que las alcanzan van aprendiendo y buscan otras metas un poco más elevadas, entrando en una espiral de éxito y de pensamiento positivo.
Sin embargo,  las personas orientadas a evitar el fracaso, si no obtienen pronto resultados, se desaniman y abandonan sus proyectos. Por eso tienden a elegir o metas muy difíciles, ya que así, si fracasan,  tendrán la excusa de la dificultad. O eligen fáciles ya que de esta manera evitarán con toda seguridad el fracaso.
En cierta forma todas las personas tenemos ambas formas de motivación si bien predomina una por encima de la otra.

Tengo que confesar que en muchas ocasiones me paraliza el miedo al fracaso, por eso cuando algo no sale bien a la primera o no tiene el éxito esperado, me desanimo. Espero cambiar esta actitud y perseverar, sin tener miedo al fracaso momentáneo y temporal. Dentro de unos años me gustaría leer los artículos iniciales de este blog y pensar que aunque imperfectos, eran los primeros pasos para ir mejorando, para ir aprendiendo con cada error, para hacerlo cada día un poquito mejor, en definitiva, un esfuerzo perfecto para mis capacidades de hoy.

Esta semana he leído varios post de mi amigo Rafael Lucero. Rafa es uno de los mejores consultores que conozco en “lean management” y mejora de la productividad para empresas y el impulsor del método Harada en España. Se nota que le apasiona su trabajo. Me llamó la curiosidad una cosa que mencionó en su blog, de que si te propones mejorar un 0,1% cada día, al cabo de un año has mejorado un 44% (si utilizamos la fórmula del interés compuesto ya que cada 0,1% se calcula sobre la mejora ya acumulada). La verdad es que mejorar un 0,1% cada día me parece una meta accesible.

Me quedo con ese dato y aunque no todos los días se consiga ese porcentaje (algunos días se mejora mucho más y otros se da algún paso hacia atrás), si puede representar una tendencia a largo plazo. ¿Os imagináis crecer a una tasa acumulada del 0,10% diario durante 5 años?, al cabo de ese tiempo seríamos 6 veces mejores. ¿Parece difícil? Es cuestión de probarlo, siempre acabaremos siendo mejores si lo intentamos.

Para finalizar este artículo os dejo una cita de Buda:

“Persevera en el empeño y hallarás lo que buscas; prosigue tu fin sin desviarte y alcanzarás tu empeño; combate con energía y vencerás”.

Hasta la próxima que espero que sea pronto, si de verdad estoy perseverando.

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